SALUD: Mujeres, niños y niñas recibirán poco de Busan

Posted on 29 November 2011 by admin

Por Miriam Gathigah

BUSAN, Corea del Sur, 29 nov (IPS) Aunque hubo considerables avances hacia la reducción de la mortalidad materna e infantil en el mundo, millones de mujeres, niños y niñas en África todavía necesitan mejores servicios de salud, alimentos y saneamiento.

Se estima que unas 250.000 madres mueren en África cada año, dejando a sus hijos con menos posibilidades de vivir más allá de los cinco años.

Estadísticas de la organización no gubernamental internacional Save the Children indican que países africanos ocupan nueve de los 10 últimos lugares en el ranking mundial de salud materna, integrada por 164 naciones.

Las reducciones que se han logrado “no van de acuerdo con la tasas previstas en los Objetivos de Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas para el Milenio (ODM). Once años después de establecidos, muchos países todavía están lejos de alcanzar las metas”, señaló Ben Philips, de Save the Children.

Las metas cuatro y cinco de los ODM proponen reducir la mortalidad infantil y mejorar la salud materna respectivamente.

Los países tienen la obligación de reducir en dos tercios la tasa de mortalidad entre niños y niñas menores de cinco años y disminuir en tres cuartos la mortalidad materna.

Pero esto no ha sido alcanzado. De hecho, “los gobiernos africanos necesitan priorizar la salud de las mujeres y de los niños. También deben cuadruplicar el ritmo de reducción de esas muertes para alcanzar las metas cuatro y cinco para 2015”, dijo Philips.

Al comenzar este martes 29 el cuarto Foro de Alto Nivel sobre la Eficacia de la Ayuda, que se desarrollará hasta el 1 de diciembre en la sureña ciudad surcoreana de Busan, una de las dudas que se impone es si las mujeres y los niños en África pueden esperar resultados tangibles de los donantes.

Según Philips, hay poco para ellos. “Lamentablemente, el documento final de Busan, que básicamente resume la plataforma de acción para después de la conferencia, no es suficientemente ambicioso para mejorar la eficacia de la ayuda”, señaló.

“Por ejemplo, no hay fuertes compromisos para desvincular la ayuda”, esto es, dejar de imponer condiciones sobre origen o formas de distribución de la asistencia, señaló.

Expertos en Busan dijeron que, si los donantes mostraran un fuerte compromiso para desvincular la ayuda, esta podría incrementarse entre 15 y 20 por ciento.

Y esa no es la única forma en que los donantes están abandonando a las mujeres y a los niños de África. Los países del Grupo de los Ocho países más industrializados (G-8, integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia) prometieron destinar 0,7 por ciento de su producto interno bruto a la asistencia al desarrollo, pero ninguno ha actualizado ese compromiso.

Solo Gran Bretaña ratificó que destinaría ese porcentaje a partir de 2013.

“Hay un claro déficit de ayuda que dificulta a los países pobres canalizar dinero a presupuestos para mejorar los servicios de salud, contratando a enfermeras calificadas e incluso teniendo mejores instalaciones en áreas a las que los pobres puedan acceder fácilmente a ellas”, dijo Dan Badoo, investigador de estrategias públicas.

Pero los donantes no son los únicos que están defraudando a las mujeres africanas.

Once años después de la declaración de Abuja, en el que los jefes de Estado y de gobierno de África se comprometieron a destinar al menos 15 por ciento de sus presupuestos nacionales a la salud de las mujeres, poco se ha visto en el terreno.

Según Save the Children, solo seis de 53 estados miembros de la Unión Africana han alcanzado este compromiso: Botswana, Burkina Faso, Malawi, Níger, Ruanda y Zambia.

A pesar del devastador impacto que tuvo el genocidio en la población ruandesa, ese país se ha convertido en un ejemplo de cómo priorizar la salud de mujeres y niños.

La tasa de mortalidad materna en Ruanda cayó de 750 por 100.000 nacidos vivos en 2005 a 540 en 2008, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas. Estadísticas del gobierno muestran que la tasa se ubica ahora en 383 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos.

Mientras, “Malawi es uno de los países pioneros. Destina 15 por ciento de su presupuesto en salud, salvando unas 13.000 vidas”, destacó Philips.

En cambio, Kenia es uno de los rezagados en este aspecto, vuelca apenas cinco por ciento de su presupuesto a la salud materna. Ese país es uno de los que ha hecho menos avances hacia la meta 5 de los ODM, según un informe de 2010.

“En este contexto, la conexión entre la ayuda y salvar vidas es clara. La eficacia de la ayuda tiene que ver con prestar servicios sociales que permitan a las personas tener vidas decentes y explotar todo su potencial”, dijo Badoo.

Las madres que mueren durante el parto en tugurios como los de Old Fadama o Jamestown en Accra, Ghana, de Kiberia en Kenia o de Kyalisha en Sudáfrica son una muestra de que los gobiernos africanos no están atendiendo correctamente el problema.

“Cuando decimos que es el cuarto Foro de Alto Nivel suena técnico y elitista. Lo que las personas comunes y pobres realmente necesitan es experimentar cómo la ayuda a la salud puede darle una mejor calidad de vida y salvar a las madres y niños”, subrayó Philips.

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