La incógnita entre menos carbono y más réditos sociales

Posted on 07 December 2010 by admin

Por Emilio Godoy

CANCÚN, México, 6 dic (IPS/TerraViva) – Las economías latinoamericanas tienen un largo camino por recorrer para reducir su consumo de carbono sin detener el desarrollo económico y social. Urge aumentar los subsidios a las energías renovables y a procesos de aprendizaje de nuevas tecnologías.

“La idea básica es generar crecimiento económico con inclusión social y una senda baja en carbono, con regulaciones y subsidios a alternativas energéticas”, dijo a TerraViva el economista mexicano Luis Galindo, quien coordina un estudio sobre crecimiento económico y bajo carbono en México para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

México emite cada año 715,2 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero que recalienta el planeta, según el inventario nacional correspondiente a 2006. De ellas, 61 por ciento se origina en la producción de energía, 22 por ciento en la industria y 14 por ciento en la deforestación.

La generación eléctrica, basada principalmente en el uso de hidrocarburos, es responsable de unos 114 millones de toneladas.

Un país más pequeño como Chile lanza 95 millones de toneladas a la atmósfera, de los cuales 85 por ciento depende del ramo energético, según el informe “La economía del cambio climático en Chile”, coordinado por la Cepal.

“Lo que pasa en América Latina es importante para el resto del mundo. Importa lo que se hace no solo en reducir las emisiones, sino en adaptación. Se pueden crear impuestos al carbono, mercados de bonos de carbono, diferentes combinaciones para diferentes partes de la economía”, planteó a TerraViva el economista inglés Nicholas Stern.

El experto es autor del primer informe mundial sobre la economía del cambio climático, publicado en 2007, que ha devenido en réplicas nacionales en naciones como Australia, Chile y México.

Stern y Galindo asisten en Cancún a la 16 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 16), inaugurada el lunes 29 en esta sudoriental ciudad mexicana y que se extenderá hasta este viernes 10.

Uno de los temas centrales de la COP 16 es cómo reducir la huella de carbono de las economías, un desafío que gira esencialmente en torno a la producción y el consumo de energía.

El estudio “La economía del cambio climático en México”, coordinado por Galindo, prevé un ritmo de incremento en el uso de energía de 2,4 por ciento anual entre 2008 y 2100, y reconoce que un ajuste de precios y una ligera baja en el consumo resultarían insuficientes para controlar el incremento de la demanda.

Países como México destinan millonarias cantidades de fondos públicos a subsidios al consumo de agua, electricidad y gasolina, ineficientes según los especialistas y diversos estudios.

Por ejemplo, las ayudas a los combustibles superan los 2.000 millones de dólares anuales, mientras el presupuesto de este año del Programa Especial de Cambio Climático 2009-2012, anunciado por el presidente de México, Felipe Calderón, se ubica en unos 1.300 millones de dólares.

Las emisiones globales de CO2 rondan los 48.000 millones de toneladas y, con crecimiento económico nulo, tendrían que bajar a 44.000 millones en 10 años, para estacionarse en 20.000 millones en 2050, según las estimaciones de Stern. La media mundial no debería superar las dos toneladas por habitante.

“Tenemos una economía primaria muy atrasada, politizada y eso dificulta la adopción de políticas adecuadas”, analizó para TerraViva el mexicano Boris Graizbord, coordinador del Programa de Estudios Avanzados en Desarrollo Sustentable y Medio Ambiente del estatal El Colegio de México, también presente en Cancún.

Los efectos del cambio climático podrían requerir anualmente seis por ciento del producto interno bruto (PIB) mexicano hasta 2100, si no se toman medidas para mitigar y adaptarse a esas consecuencias, según el estudio de la Cepal, solicitado por las secretarías (ministerios) de Hacienda y de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

En el caso chileno, esa cifra sería 1,1 por ciento del PIB anual hasta 2100, según las proyecciones de CEPAL.

“Hay una relación importante entre el consumo de energía por persona y las emisiones de carbono por persona y entre el consumo de energía y el ingreso por persona. Un crecimiento económico se traduce en más consumo de energía y en más emisiones de gases de efecto invernadero”, analizó Galindo, académico de la estatal Universidad Nacional Autónoma de México.

En México, la contaminación por habitante se dispararía a partir de 2040, mientras en Chile las emisiones aumentarían a 233 millones de toneladas en 2030, con un promedio individual de 11,9 toneladas anuales.

La nación norteamericana se comprometió a reducir 50 millones de toneladas anuales hasta 2012, plan que se ha cumplido en 42 por ciento, según Semarnat.

“Todo país tiene que eliminar los subsidios a combustibles fósiles. Tiene mucho más sentido dirigir esos subsidios a energías renovables y a procesos de aprendizaje de las nuevas tecnologías. Además, hay que corregir los errores del mercado”, recomendó Stern.

El gobierno mexicano ha puesto en marcha programas de sustitución de refrigeradores, calentadores de agua a base de gas y bombillas incandescentes para promover la eficiencia y el ahorro de energía.

El reporte de la Cepal sobre México recomienda la revisión de los subsidios a las gasolinas, el agua y la electricidad, la transición hacia un crecimiento económico con menor contenido contaminante y la creación de un mercado nacional de bonos de carbono.

“Hay que obligar a (las estatales) Petróleos Mexicanos y Comisión Federal de Electricidad a desarrollar estrategias sustentables”, refirió Graizbord. Ambos monopolios ejercen una incidencia directa en la emisión de dióxido de carbono.

En Chile, la Cepal colabora con la elaboración de un estudio sobre la economía baja en carbono y en Argentina con la medición económica de los impactos del cambio climático.

(FIN/IPS)

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