Amazonas 2030: Indicadores para la crisis climática

Posted on 01 November 2011 by admin

Por Constanza Vieira
BOGOTÁ, nov (Tierramérica) – Los datos oficiales relevantes sobre la Amazonia colombiana presentan tales falencias que los investigadores de un nuevo índice de sustentabilidad regional dejaron consignado que “fue difícil conseguir gran parte de la información”.

Puerto de la comunidad amazónica e indígena San Miguel, sobre el río Pirá Paraná, en el departamento colombiano del Vaupés / Crédito:María Cristina Vargas/IPS
Puerto de la comunidad amazónica e indígena San Miguel, sobre el río Pirá Paraná, en el departamento colombiano del Vaupés

Crédito: María Cristina Vargas/IPS

“Es una gran noticia” que el gobierno de Colombia estudie anular títulos mineros que se hayan concedido en áreas protegidas y en zonas fronterizas declaradas de seguridad nacional, dijo a Tierramérica el antropólogo Martín von Hildebrand, director de la Fundación Gaia Amazonas.

En la Amazonia colombiana, los parques nacionales abarcan unos siete millones de hectáreas. El área considerada de seguridad nacional por el Ministerio de Defensa abarca 4,8 millones de hectáreas, pero podría ser redelimitada.

En el total de la Amazonia hay actualmente 138.571 hectáreas con títulos mineros vigentes. Las solicitudes en trámite y aún vigentes abarcan 5,4 millones de hectáreas, según el Ministerio de Minas y Energía. “Desafortunadamente”, advirtió Von Hildebrand, “tenemos que pensar también que, en la medida en que se defienden ciertos territorios, como parques y áreas de seguridad nacional, la gente que está ahí buscando minerales se dispersa a las otras áreas donde no existe esta protección”.

Por eso, se necesitan políticas muy serias de seguimiento y control para las otras zonas de la selva, instó.

Setenta por ciento de la Amazonia colombiana es considerada área forestal con cierto grado de protección. El título minero se otorga, pero condicionado a una licencia ambiental.

El anuncio del Ministerio de Minas y Energía de que estudia anular concesiones mineras se efectuó el 26 de octubre, en la presentación del Índice Amazonas 2030, elaborado por una alianza del mismo nombre que recopila información social, ambiental y económica de la porción colombiana de esta selva que constituye el corazón de América del Sur.

El estudio es innovador, pues concede la misma importancia a las dimensiones ambiental e indígena que a las de carácter económico, social e institucional. Cada una tiene un peso de 20 por ciento. El valor mínimo del índice es cero (el peor escenario) y el máximo es 100 (el mejor).

El resultado es un análisis estratégico equilibrado: justo la visión que requieren la crisis ambiental y el cambio climático, en contravía de estudios habituales que privilegian lo económico.

El quid está en medir la calidad de vida de los ecosistemas. Si esta se valorara en la Amazonia según el índice de necesidades básicas insatisfechas, resultaría que las comunidades indígenas viven en la indigencia, y no es así.

Al tener en cuenta el componente ambiental y la relación de conocimiento ancestral de los indígenas con su territorio, objetivamente es verificable que la selva y la cultura sí proporcionan calidad de vida.

En todo caso, a través de decenas de variables que podrían denominarse “convencionales” –como nivel educativo y servicios públicos– el índice observa el efecto de las políticas públicas, en primer lugar, y de la gestión privada, en segundo término.

“La visión es que, mal que bien, esto es lo que tiene o no tiene el Estado en el Amazonas. Y luego, se trata de hacer entender que estos indicadores para la Amazonia tienen otras bases”, dijo a IPS la bióloga Natalia Hernández, quien coordinó el diseño del estudio de Amazonas 2030 en sus inicios.

“Solo teniendo en cuenta al mismo nivel lo cultural, lo social y lo ambiental con lo económico e institucional, se le está abriendo paso a una visión de desarrollo desde la Amazonia”, agregó.

Amazonas 2030 es una alianza de organizaciones no gubernamentales, empresas y medios de comunicación para promover la sostenibilidad y la calidad de vida en esta región colombiana y colocarla en la agenda nacional e internacional.

Su nombre obedece a que, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, de mantenerse el ritmo de deforestación, en 2030 más de la mitad del bosque amazónico estaría degradado.

Los datos oficiales relevantes sobre la Amazonia presentan tales falencias, que los investigadores dejaron consignado que “fue difícil conseguir gran parte de la información, especialmente datos relacionados con salvoconductos de movilización de madera, etnoeducación y legalización de sustracciones de áreas en reserva forestal, entre otros”.

Además, las cifras recolectadas e incluidas en el índice corresponden solo a asentamientos urbanos. “El índice no refleja la cosmovisión de los indígenas debido a la falta de información que pueda capturarla”, advierte un texto sobre la metodología.

Quizá las variables donde esta falla es más protuberante son las de salud, que no tienen en cuenta la labor de los chamanes, cuyo impacto nunca se ha medido.

Los departamentos que se evalúan son Amazonas, Putumayo, Caquetá, Guaviare, Vaupés y Guainía, que suman 403.348 kilómetros cuadrados, una extensa región que abarca el sur y suroriente. El estatal Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi agrega al territorio amazónico colombiano nueve municipios del departamento del Meta, uno del Vichada, tres del Cauca y cuatro de Nariño.

Según esto, la Amazonia colombiana comprende 483.164 kilómetros cuadrados, 42 por ciento de su territorio continental de 1,1 millones de kilómetros cuadrados. Colombia aporta 17 por ciento de los ríos de la región amazónica, que su vez es fuente de 20 por ciento del agua dulce del planeta. Por su tamaño, la Amazonia regula el clima global.

Pero la dimensión geográfica de la Amazonia varía, según tres formas de entender este gran tesoro de diversidad biológica y cultural.

Una comprende la Amazonia como región o bioma, e incluye la cuenca del río Amazonas y parte de las de los ríos Orinoco y Paraná. La otra abarca la cuenca y los afluentes del Amazonas. Y finalmente está la Amazonia político-administrativa de cada país, que se mide en términos de planificación y desarrollo.

Bolivia, Perú y Ecuador, llamados como Colombia países “andinos”, en realidad tienen casi la mitad de sus territorios en la Amazonia.

Venezuela definió que su Amazonia incluye únicamente la cuenca amazónica, en el borde sur del sureño estado Amazonas. Así, se denomina Guayana Venezolana toda la selva en el resto del estado venezolano de Amazonas y la mayor parte de la del estado Bolívar, al sur del Orinoco.

El resultado global del Índice Amazonas 2030 es de 51,4, un número que encierra marcados contrastes.

En el colombiano Caquetá se ha destruido cerca de la mitad de la selva, en Putumayo la cuarta parte y en Guaviare la tercera parte. Estos tres departamentos de la Amazonia noroccidental se caracterizan por una alta proporción de colonos, pocos nativos y resguardos –territorios bajo administración indígena–, ciudades grandes e infraestructura vial.

Por el contrario, en los también colombianos Amazonas, Vaupés y Guainía hay muy poca deforestación, mayor diversidad étnica, centros urbanos más pequeños, grandes resguardos y parques nacionales y no existe infraestructura vial.

Las diferencias entre estas dos regiones de la Amazonia colombiana se reflejan meridianamente en una encuesta de percepción entre los habitantes de la región, presentada también por Amazonas 2030 y adelantada únicamente en centros urbanos.

* La autora es corresponsal de IPS. Publicado originalmente el 29 de octubre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica. (FIN/2011)

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