Análisis: Tras el pico del petróleo, la globalización se irá a pique

Posted on 08 August 2011 by admin

Por Gunter Pauli *

La realidad indica que, en la economía globalizada, la pobreza es el único fenómeno sostenible, afirma en esta columna el emprendedor Gunter Pauli.

BERLIN, 8 ago (Tierramérica).- La economía mundial siguió durante décadas la senda de la globalización. El timón dirigido hacia economías de escala cada vez más grandes a costos marginales cada vez más bajos empujó al sector manufacturero a estandarizarse y reducir radicalmente los gastos mediante la subcontratación y el control de la cadena de suministros.

Así se impusieron la concentración de los proveedores, la eliminación de innecesarias gerencias internas, el fomento de las fusiones y adquisiciones y la reducción de costos para asegurar mayores ganancias a los inversores y precios más bajos a los clientes, de modo de aumentar su poder de compra y engrosar las filas de la codiciada clase media.

Se suponía que este proceso de crecimiento globalizador derramaría riqueza desde las capas sociales más altas hacia las más bajas, distribuyéndola mejor y permitiendo a más integrantes de la clase media convertirse en ricos.

Pero la realidad indica que, en la economía globalizada, la pobreza es el único fenómeno sostenible. Aunque se pueda argumentar que hubo crecimiento y expansión del mercado, la cantidad de personas que viven con menos de un dólar diario nunca fue mayor que ahora.

Se ha considerado que el control de la explosión demográfica era un factor clave para un desarrollo social equitativo para todos en el planeta. Pero controlar el crecimiento de la población no es suficiente.

La acción más decisiva que se necesita –y la menos debatida– es cambiar el modelo de negocio.

Nuestro sistema económico se condujo siempre por la eficiencia, pero nunca consideró la suficiencia. La codicia, en lugar de la necesidad, fue la musa inspiradora del impulso empresarial. Y la brecha entre los más ricos y los más pobres del mundo nunca fue tan amplia como ahora.

La alternativa, propuesta por la Economía Azul, es satisfacer nuestras necesidades básicas con lo que tenemos. Llegó la hora de cesar el consumo más allá de la capacidad real del planeta.

Para salir de la trampa de la escasez e ingresar a un mundo de suficiencia para todos los seres sensibles, y no sólo para la especie humana, debemos introducir innovaciones y tecnologías que provean nutrientes y energía en cascada, tal como lo hacen los ecosistemas.

Amory Lovins y sus expertos en energía del Rocky Mountain Institute demostraron que la sociedad moderna llegó en 2007 al “pico del petróleo” –el momento en que la extracción anual de combustibles fósiles alcanzó su punto más alto– y que desde entonces se están reduciendo progresivamente las reservas. En esta situación, abatir el consumo y buscar fuentes renovables de energía son una necesidad absoluta.

Pero el fin de la era de acceso ilimitado a los combustibles fósiles lleva consigo el “pico de la globalización”. Las empresas que se expandieron hasta transformarse en corporaciones mundiales ahora se enfrentan a una tendencia de dinámica decreciente.

Las ganadoras serán las pequeñas y medianas empresas, inspiradas por millones de empresarios que sepan responder a las necesidades básicas de sus comunidades con los recursos locales disponibles.

Este cambio permite concebir un sistema competitivo en el cual el libre comercio y el libre flujo de inversiones extranjeras directas ya no serán la clave para el éxito económico.

El nuevo modelo proporcionará oportunidades para las empresas locales que sean capaces de crear una amplia alianza de actividades económicas y sociales con múltiples ingresos y beneficios.

Ese modelo es la alternativa a la camisa de fuerza que impuso el mantra del uniformizado y globalizado mundo contemporáneo: el giro de negocio y la competencia esencial, y su fetiche, el análisis de flujos de efectivo.

Abandonar el modelo de la Harvard Business School, que obliga a las gerencias a concentrarse en un producto y un proceso a la vez, permitirá que David le gane otra vez a Goliat.

David ganará, no por tener acceso privilegiado a los mercados globales de capital, trabajo, energía y minerales, sino porque la acelerada expansión que incentivó la mundialización habrá dejado a los gigantes extremadamente vulnerables.

Y, a diferencia de las 500 corporaciones más grandes que alista la revista Fortune, pocos empresarios aspirarán a reemplazar a esos gigantes, y se darán por satisfechos si cada uno consigue morder una porción de dos o tres por ciento del mercado de sus formidables oponentes.

Este nuevo paradigma facilitará la llegada de sistemas descentralizados de producción y consumo que ya son competitivos y técnicamente viables en todos los sectores de la economía, incluyendo la minería, la forestación, la agricultura, los metales, la química, la energía y la industria papelera.

La cartera de 100 innovaciones descriptas en la Economía Azul y sus crecientes éxitos de mercado en todos los rincones del mundo demuestran que esos avances individuales no son aislados sino parte de una nueva tendencia que llamo “El fin de la globalización”.

Aunque la penetración completa de la Economía Azul en nuestro tejido social y económico quizás tome unas décadas más, ya está forjando fuerzas competitivas conducidas por necesidades y por recursos locales.

Así nacerá una nueva sociedad en la que se generen empleos suficientes, los mejores productos para la salud y el ambiente sean menos costosos, y se cree capital social por la simple dinámica de ser más productivos y competitivos.

En definitiva, eso es lo que se espera de la economía humana: que consiga mucho más con mucho menos.

* * Gunter Pauli, empresario y autor de la obra “La economía azul” (http://www.blueeconomy.de). Derechos exclusivos IPS.

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