América Latina entre la aspiración y el realismo

Posted on 07 December 2009 by editor

El trigo es uno de los cultivos latinoamericanos que más sufren el cambio climático. Crédito: Mauricio Ramos/IPS

El trigo es uno de los cultivos latinoamericanos que más sufren el cambio climático. Crédito: Mauricio Ramos/IPS

Por Daniela Estrada y Raúl Pierri *

COPENHAGUE (IPS/TerraViva) América Latina llega a Copenhague reclamando que el Norte rico pague su deuda climática obligándose a reducir su contaminación y proveyendo recursos al Sur. Pero, ante los riesgos de fracaso, nadie descarta aceptar al menos compromisos políticos.

El propósito latinoamericano es que se adopte un acuerdo legalmente vinculante, pero la región no rechaza la idea de sumarse a un eventual pacto político que establezca reducciones voluntarias de gases de efecto invernadero (GEI) causantes del recalentamiento planetario.

América Latina ya experimenta sequías, inundaciones, derretimiento de glaciares, aumentos de temperaturas, nuevas plagas agrícolas y enfermedades, como detalla el Primer Informe Regional sobre Cambio Climático, publicado en noviembre por Tierramérica en base a consultas con 23 especialistas latinoamericanos.

“Todos los países de América Latina y el Caribe, incluido Chile, estamos buscando un acuerdo jurídicamente vinculante”, dijo a TerraViva el director ejecutivo de la Comisión Nacional del Medio Ambiente de Chile, Álvaro Sapag, quien integra la delegación de este país austral a Copenhague.

Pero “probablemente no vamos a salir de Copenhague con un texto vinculante que puedan firmar los jefes de Estado”, acotó.

El secretario de Medio Ambiente de México, Juan Elvira, comparte esta percepción. “Iríamos por un acuerdo legal, con metas muy bien definidas, pero no descartamos como última línea de negociación un acuerdo político”, planteó a TerraViva.

“No pierdo las esperanzas”, sostuvo Sapag, quien espera, en el último de los casos, “un acuerdo político robusto, que permita en un periodo corto afinar los detalles para tener otro jurídicamente vinculante”, posiblemente en la COP-16 de diciembre de 2010 en México.

Las expectativas mundiales de obtener un firme y ambicioso acuerdo revivieron cuando China y Estados Unidos, los dos mayores contaminantes, anunciaron recortes voluntarios de GEI para 2020, tomando como referencia los volúmenes de 2005.

Según la lectura del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, la decisión de su país de disminuir voluntariamente entre 36,1 y 38,9 por ciento de sus emisiones de GEI hacia 2020, en buena medida frenando la deforestación de la Amazonia, movilizó a las naciones que “se resistían a presentar números”.

Varios países latinoamericanos adelantaron su adhesión a las posturas del Grupo de los 77 y China (G-77), integrado por 130 naciones en desarrollo, como Venezuela y Argentina.

El G-77 insiste en la primacía del principio de las “responsabilidades comunes, pero diferenciadas”, que implica dejar el mayor peso de la mitigación a las naciones ricas, principales emisoras de gases contaminantes en la era industrial.

Además, exige al Norte financiamiento y tecnología para las naciones pobres.

“Estados Unidos es el país que ha almacenado mayor cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera. No es posible que haya auxiliado a los bancos y a las grandes automotrices, pero no pueda disponer de recursos para atender el cambio climático”, afirmó el viceministro de Ordenación y Administración Ambiental del Ministerio de Ambiente de Venezuela, Sergio Rodríguez, en una reunión con otros funcionarios.

Pero América Latina no es monolítica.

“Hay una opinión única en ciertos temas, como las ‘responsabilidades comunes, pero diferenciadas’ y en la necesidad de muchos recursos para mitigación y adaptación en los países en desarrollo y la responsabilidad histórica” de las naciones industriales, resumió Sapag.

Los gobiernos de la región están alerta ante el riesgo de que, por cuenta del cambio climático, se erijan barreras a la exportación de sus productos.

“Hay países que no aceptan instrumentos de mercado como una herramienta que contribuya a la reducción de gases de efecto invernadero, mientras que otros los aceptan. Algunos quieren que todas las acciones sean reportables, medibles y verificables, y otros que sólo sean voluntarias para los países en desarrollo”, describió.

México, que arroja a la atmósfera 715 millones de toneladas anuales de dióxido de carbono, pretende bajar 50 millones de toneladas para 2012, aunque aclaró que asumiría una disminución obligatoria a largo plazo sólo si recibe fondos y tecnología.

En la Cumbre Iberoamericana que concluyó el 1 de este mes en Portugal, el presidente mexicano Felipe Calderón reiteró su propuesta de crear un “Fondo Verde” de unos 140.000 millones de dólares, al que cada país contribuiría según su economía y responsabilidad ambiental.

Argentina propone dos juntas ejecutivas que tengan asociados fondos públicos de países industrializados en el ámbito de la Convención sobre el Cambio Climático que se integren con un porcentaje del producto interno bruto, que puede oscilar entre 0,5 y uno por ciento.

“No tenemos un peso propio como país emisor y tampoco pisamos fuerte en esta negociación”, dijo a TerraViva el director de Cambio Climático de la Secretaría de Ambiente de Argentina, Nazareno Castillo.

Para el ministro de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente de Uruguay, Carlos Colacce, este pequeño país sudamericano de 3,3 millones de habitantes ha adoptado una “posición novedosa”, porque si bien apoya la postura del G-77, está tomando medidas propias para reducir sus emisiones de GEI, “aún sin recibir fondos de los países desarrollados para realizar esta tarea”.

* Con aportes de Marcela Valente (Buenos Aires), Mario Osava (Río de Janeiro), Emilio Godoy (México) y Humberto Márquez (Caracas).  (FIN/2009)

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