“Brasil es una economía baja en carbono”

Posted on 14 December 2009 by editor

José Miguez. Crédito: Cortesía de Itaipú Binacional

José Miguez. Crédito: Cortesía de Itaipú Binacional

Por Mario Osava

RIO DE JANERIO (IPS/TerraViva) Brasil busca mantener en Copenhague el papel de liderazgo que tuvo este país en las negociaciones sobre ambiente desde que acogió la llamada Cumbre de la Tierra en esta ciudad en 1992.

El gobierno de Luiz Inácio Lula de Silva anunció el 13 de noviembre el compromiso voluntario de reducir entre 36 y 39 por ciento los gases de efecto invernadero para 2020. Pero respecto de los volúmenes de 1990, como establece el Protocolo de Kyoto, significará un aumento de casi 21 por ciento.

La población de Brasil es la que en proporción más se ha manifestado preocupada por el calentamiento, según una encuesta del Centro de Investigación Pew: 90 por ciento de los consultados dijeron estar muy preocupados por el aumento de la temperatura y 79 por ciento dijeron estar dispuestos a sacrificar crecimiento económico y empleos a favor del ambiente.

Brasil puede ser considerado una “sociedad con bajo nivel de carbono”, según José Miguez, coordinador de la Comisión Interministerial de Cambio Climático, en entrevista desde Copenhague.

TERRAVIVA: ¿Además de las metas voluntarias, qué otras contribuciones lleva Brasil a Copenhague para justificar su liderazgo?

JOSÉ MIGUEZ: El liderazgo brasileño viene desde la firma de la Convención sobre Cambio Climático en Río de Janeiro en 1992. Son brasileñas la propuesta que se adoptó en 1997 en Kyoto, como el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), la negociación en dos carriles, la Convención y el Protocolo, decidida en 2007 en Bali, y el mecanismo de reducción de emisiones de la Deforestación y Degradación forestal (REDD) de 2006.

También lo es la reciente proposición, en el ámbito de la Convención, de Acciones de Mitigación Adecuadas al Contexto Nacional para países en desarrollo (NAMA, en siglas inglesas), que buscan destrabar las negociaciones.

Además, Brasil tiene una matriz energética limpia, por la sustancial generación de hidroelectricidad, y el uso de biocombustibles en los transportes. Y se hizo un gran esfuerzo para reducir la deforestación. Adicionando los más de 400 proyectos MDL que redujeron en siete por ciento las emisiones brasileñas no forestales, el esfuerzo ya alcanza a 30 por ciento de merma respecto de 1990. Ningún país industrializado hizo un esfuerzo comparable de mitigación.

TERRAVIVA: ¿En que áreas prevé mayores dificultades para cumplir la meta de 2020?

JM: Los compromisos cuantificados de reducción de las emisiones, las llamadas metas, corresponden por el Protocolo de Kyoto a los países industrializados. Las acciones NAMA se insertan en el ámbito de la Convención y en el Plan de Acción de Bali. Y dependerán de lo que se acuerde en Copenhague. Se necesitará un amplio debate con la sociedad brasileña.

TERRAVIVA: ¿Pero la economía de bajo carbono no contradice la política oficial de crecimiento, concebida en términos tradicionales, con ocupación amazónica, expansión de carreteras, industria automovilística y consumo energético?

JM: Lo importante es que el crecimiento se haga con cambios que resulten en una menor intensidad de emisiones por unidad del producto interno bruto (PBI).  Brasil posee una industria de bajas emisiones y condiciones para mantener o incluso ampliar la participación de fuentes renovables en la matriz energética, que en 2008 era de 45,4 por ciento del total.

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