En busca del buen vivir

Posted on 13 January 2011 by editor

Jens Martens Crédito: Cortesía de Global Policy Forum.

Rousbeh Legatis entrevista a JENS MARTENS, director para Europa del Global Policy Forum

NACIONES UNIDAS, ene (IPS TerraViva) – El tiempo se agota para cumplir las promesas que los gobiernos hicieron hace una década para mejorar la vida de cientos de millones de personas en el mundo. Pero, ¿tienen estas promesas defectos de nacimiento?

Con los Objetivos de Desarrollo para el Milenio (ODM), adoptados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2000 y considerados una oportunidad histórica, los estados y los principales organismos multilaterales acordaron ocho grandes metas sociales, empezando por la lucha contra la pobreza extrema, con plazos de cumplimiento en 2015.

En su actual formulación, sin embargo, los ODM expresan una visión bastante rígida e inclusive anémica del desarrollo humano y del bienestar, dice Jens Martens, director de la oficina europea del Global Policy Forum, un grupo independiente que supervisa el trabajo del foro mundial y escudriña la formulación de políticas globales.

El corresponsal de IPS en la ONU, Rousbeh Legatis, conversó con Martens acerca de cómo estos problemas pueden ser superados y acerca de lo que los modelos de desarrollo alternativos pueden proporcionar para el necesario impulso de los ODM.

IPS: En términos generales, los ODM tienen el propósito de fomentar el desarrollo a través de la mejora de las condiciones sociales y económicas de la población. ¿Cómo ve el actual modelo de desarrollo y sus implicaciones políticas?

JENS MARTENS: Con su limitado enfoque de pobreza monetaria y servicios sociales básicos, los ODM representan el menor común denominador en materia de desarrollo que fue posible acordar a nivel global hace una década.

Ellos reflejan una limitada comprensión del desarrollo, ya que consideran la erradicación de la indigencia como un desafío principalmente técnico. Como consecuencia, muchos gobiernos han dado demasiada poca atención a los aspectos estructurales del desarrollo, como la distribución del ingreso y la riqueza.

IPS: Después de leer su análisis, uno podría sacar la conclusión de que los ODM ya pueden ser considerados un fracaso. ¿Es así?

JM: Los ODM no fallaron, pero los gobiernos fallaron en proporcionar los medios necesarios para alcanzarlos. Ellos aún tienen tiempo para demostrar que se toman esas metas seriamente. Sin embargo, la política de desarrollo no debe limitarse a los ODM.

Afrontamos importantes desafíos, desde el cambio climático hasta las deficiencias del sistema de financiamiento global, que no son cubiertos apropiadamente por el actual catálogo de metas del milenio. Por eso nosotros tenemos que usar los próximos años para discutir objetivos adicionales que sean válidos para todos los países del mundo.

IPS: ¿Qué sería para usted una buena comprensión del desarrollo, en términos de mejorar realmente la vida de las personas?

JM: En primer lugar, tenemos que superar el modelo de desarrollo dominante, que aún está orientado a un enfoque de modernización y que confunde desarrollo económico con el progreso de la sociedad. Esto incluye nuevas medidas e indicadores de avance y bienestar más allá del producto interno bruto.

Esto es precisamente lo que la Stiglitz-Sen-Fitoussi-Commission recomendó en sus informes de 2009.

Según el (economista Joseph) Stiglitz y sus colegas, estamos a tiempo de cambiar el énfasis de las mediciones, desde la producción económica al bienestar. Y este cambio no es relevante solo para países ricos, es aplicable a todos los países del mundo.

IPS: ¿Existen hoy iniciativas que promuevan modelos de desarrollo alternativos?

JM: Sí, en los últimos años ha surgido una cantidad creciente de iniciativas. Un ejemplo interesante es el enfoque del “Buen Vivir”. Esto no es tanto un modelo de desarrollo como sí una filosofía holística de vida basada en la visión de los pueblos indígenas de la región andina.

Este enfoque persigue el bienestar material, social y espiritual de todos los integrantes de la sociedad, pero no a costa de otros miembros o de los recursos naturales. El enfoque del Buen Vivir ya ha ganado relevancia política, ya que está anclado en las nuevas constituciones de Bolivia y Ecuador.

Otro ejemplo interesante es el Gross National Happiness Index (Índice Nacional de Felicidad), desarrollado en el Reino de Bután. Está basado en un concepto alternativo de riqueza más allá del simple materialismo y comprende un amplio conjunto de indicadores económicos, sociales, políticos y ambientales.

IPS: ¿Qué modelo elegiría usted para superar las principales debilidades del actual enfoque de los ODM?

JM: Lo que necesitamos son objetivos mundiales de desarrollo, con metas cuantitativas precisas y plazos definidos que aplicar simultáneamente a los países ricos y pobres. Pero no hay “una sola clase” de soluciones. Los objetivos deben tener en cuenta la situación económica, social y ambiental específica de cada país.

Ya no se puede considerar el “desarrollo” solo como un proceso que tiene lugar en el hemisferio Sur. Si pensamos en la necesaria transformación hacia un desarrollo equitativo y ambientalmente sustentable, virtualmente todos los países del planeta pueden ser llamados en desarrollo.

Esto no significa que el principio clave de la Declaración de Río de 1992, sobre “la responsabilidad común, pero diferenciada”, ya no es relevante, sino ¡todo lo contrario!

Y finalmente, este nuevo conjunto de objetivos mundiales de desarrollo e indicadores deben tomar en cuenta que el bienestar y el progreso social dependen fundamentalmente de la distribución del ingreso y de la riqueza, tanto como de las capacidades que un individuo tiene en la sociedad.

IPS: ¿Qué rol ve para los países industrializados y las instituciones multilaterales, incluida la ONU?

JM: Considerando su composición universal y su tradicional apertura hacia la sociedad civil, la ONU sigue siendo el más importante y legitimado foro de discusión sobre los modelos de desarrollo y la adopción de objetivos de desarrollo.

Pero, ¿cuál puede ser el futuro de instituciones como la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), la clásica organización de los países ricos, o el G-77, el grupo que representa los intereses del mundo en desarrollo?

Si dividir el mundo en países industrializados y en desarrollo se está convirtiendo cada vez más en un anacronismo, ¿no es esto también válido para esas instituciones?

(FIN/2011)

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