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	<title>Comentarios en: Silvia Duzán</title>
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	<description>Porque el plomo es un metal pesado y en este paï¿½s cada cual tiene asignada su dosis personal.</description>
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		<title>Por: Rusbel Martínez</title>
		<link>http://www.ips.org/blog/cvieira/silvia-duzan/comment-page-1/#comment-37596</link>
		<dc:creator>Rusbel Martínez</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Oct 2010 12:16:52 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Todavía te recordamos

Tal vez pocos se acuerdan de ella, de su sempiterna sonrisa, de su personalidad encantadora. Pocos deber recordar su agudeza y su estilo diáfano y conciso cuando de decir y responder por la verdad se trataba. En un país, donde no se guarda la memoria, es muy probable que su nombre ya casi ni se recuerde, a pesar de la enorme conmoción que su asesinato causó, especialmente en los medios de comunicación, en la comunidad académica y, por supuesto, entre su familia y amigos. Aquel 26 de febrero de 1990 las balas de los sicarios estaban preparadas para poner fin a su vida. Hoy, veinte años después, el crimen permanece en la impunidad, lo mismo que el de muchos otros colombianos que murieron en aquel aciago año, víctimas de las mafias de la droga, del paramilitarismo y de la complicidad de algunos agentes del estado que vendieron su dignidad (si es que alguna vez la tuvieron) a las fuerzas oscuras de la muerte. El que dio la orden de asesinarla padece hoy (insólitamente) de olvido, y quienes apretaron el gatillo, tal vez ya no se cuentan entre nosotros, pues en Colombia parece que es cierto que el que a hierro mata a hierro muere. 

A Silvia Duzán le dispararon en Cimitarra (Santander) mientras realizaba un trabajo periodístico para la BBC de Londres sobre el veto del narcotráfico en las elecciones de 1990. Parece ser que a los violentos no les interesa que se sepa de su barbarie y atrocidades, por lo que están siempre dispuestos a acallar a sangre y fuego cualquier asomo de verdad. Esto es así porque la verdad camina de la mano con la justicia, y en este país lo último que quieren los violentos es devolver o pagar lo que ferozmente arrebataron, sean tierras, vidas o, simplemente, algunos pesos. Ese día, como parece ser costumbre cuando a uno le llega la mala hora, todo conspiró contra ella. Desde la salida de su casa hacia el aeropuerto la fortuna la abandonó. Llegó tarde, no teniendo otra opción que viajar a Bucaramanga en avión, y luego desde allí trasladarse a Cimitarra en autobús. Mientras tanto sus asesinos la esperaban pacientemente. Sabían que llegaría en la flota a eso de las 9:30 p.m. Lo sabían porque lo de Silvia no fue circunstancial; todo estaba planeado. Ese día, ella, Josué, Saúl y Miguel, líderes de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare, iban a ser asesinados a mansalva por los líderes paramilitares de la zona para acallarlos; para evitar que la verdad se supiera.

El crimen sucedió en la cafetería La Tata ubicada en un costado de la plaza del pueblo. Hasta allí llegaron los sicarios esa noche del 26 de febrero de 1990 y pusieron fin a su vida. Atrás quedaron las historias del Rock en la supersiete de Kennedy, ese conjunto de apartamentos de ladrillo que queda en diagonal a Caravana, frente al Ley; o las historias de los músicos en el Cream Pereira, por allá en la primero de mayo. Atrás quedaron las andanzas de los ladronzuelos de Santa Librada, el barrio que queda por la salida al llano; las fechorías y picardías de Tula, Lucky, el Quico, o la Margó, la que se acostaba con el comandante de la estación de policía para que soltaran al novio capturado unas horas antes. Atrás quedaron todas esas historias del bajo mundo, de las calles peligrosas, de los antros de perdición. Con la muerte de Sylvia el país perdió una gran periodista; perdió a una de las que buscaba la verdad, aún cuando eso supusiera tomar riesgos, inclusive poner en peligro su propia vida. 

Con su muerte, el país perdió a una periodista que no se limitó nunca a leer y difundir los comunicados de prensa de las entidades estatales, ni a dar la versión de los hechos por boca de terceros. Silvia fue siempre a la fuente; buscó la verdad donde ella se encontrara, y con la lucidez de quien perece haber recibido un don sobrenatural, nos la relató; nos la hizo saber. Hoy, cuando en Colombia no se sabe qué es verdad y qué es mentira, echamos de menos a periodistas valerosas e incisivas como Silvia, que siempre nos tuvo al tanto de lo que pasaba y que con la frescura de su pluma nos deleitó con reportajes y crónicas que hasta hoy permanecen en nuestra memoria.

Veinte años después, Silvia Duzán, te echamos de menos. No tuve el privilegio de conocerte en persona, ni a ti ni a tu familia, pero hoy, donde te encuentres, quiero que sepas que permaneces en la memoria de muchos, que como yo, nos negamos a olvidar, o simplemente, a pasar la página. Un fuerte abrazo Silvia, donde quiera que estés.


21 de febrero de 2010]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Todavía te recordamos</p>
<p>Tal vez pocos se acuerdan de ella, de su sempiterna sonrisa, de su personalidad encantadora. Pocos deber recordar su agudeza y su estilo diáfano y conciso cuando de decir y responder por la verdad se trataba. En un país, donde no se guarda la memoria, es muy probable que su nombre ya casi ni se recuerde, a pesar de la enorme conmoción que su asesinato causó, especialmente en los medios de comunicación, en la comunidad académica y, por supuesto, entre su familia y amigos. Aquel 26 de febrero de 1990 las balas de los sicarios estaban preparadas para poner fin a su vida. Hoy, veinte años después, el crimen permanece en la impunidad, lo mismo que el de muchos otros colombianos que murieron en aquel aciago año, víctimas de las mafias de la droga, del paramilitarismo y de la complicidad de algunos agentes del estado que vendieron su dignidad (si es que alguna vez la tuvieron) a las fuerzas oscuras de la muerte. El que dio la orden de asesinarla padece hoy (insólitamente) de olvido, y quienes apretaron el gatillo, tal vez ya no se cuentan entre nosotros, pues en Colombia parece que es cierto que el que a hierro mata a hierro muere. </p>
<p>A Silvia Duzán le dispararon en Cimitarra (Santander) mientras realizaba un trabajo periodístico para la BBC de Londres sobre el veto del narcotráfico en las elecciones de 1990. Parece ser que a los violentos no les interesa que se sepa de su barbarie y atrocidades, por lo que están siempre dispuestos a acallar a sangre y fuego cualquier asomo de verdad. Esto es así porque la verdad camina de la mano con la justicia, y en este país lo último que quieren los violentos es devolver o pagar lo que ferozmente arrebataron, sean tierras, vidas o, simplemente, algunos pesos. Ese día, como parece ser costumbre cuando a uno le llega la mala hora, todo conspiró contra ella. Desde la salida de su casa hacia el aeropuerto la fortuna la abandonó. Llegó tarde, no teniendo otra opción que viajar a Bucaramanga en avión, y luego desde allí trasladarse a Cimitarra en autobús. Mientras tanto sus asesinos la esperaban pacientemente. Sabían que llegaría en la flota a eso de las 9:30 p.m. Lo sabían porque lo de Silvia no fue circunstancial; todo estaba planeado. Ese día, ella, Josué, Saúl y Miguel, líderes de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare, iban a ser asesinados a mansalva por los líderes paramilitares de la zona para acallarlos; para evitar que la verdad se supiera.</p>
<p>El crimen sucedió en la cafetería La Tata ubicada en un costado de la plaza del pueblo. Hasta allí llegaron los sicarios esa noche del 26 de febrero de 1990 y pusieron fin a su vida. Atrás quedaron las historias del Rock en la supersiete de Kennedy, ese conjunto de apartamentos de ladrillo que queda en diagonal a Caravana, frente al Ley; o las historias de los músicos en el Cream Pereira, por allá en la primero de mayo. Atrás quedaron las andanzas de los ladronzuelos de Santa Librada, el barrio que queda por la salida al llano; las fechorías y picardías de Tula, Lucky, el Quico, o la Margó, la que se acostaba con el comandante de la estación de policía para que soltaran al novio capturado unas horas antes. Atrás quedaron todas esas historias del bajo mundo, de las calles peligrosas, de los antros de perdición. Con la muerte de Sylvia el país perdió una gran periodista; perdió a una de las que buscaba la verdad, aún cuando eso supusiera tomar riesgos, inclusive poner en peligro su propia vida. </p>
<p>Con su muerte, el país perdió a una periodista que no se limitó nunca a leer y difundir los comunicados de prensa de las entidades estatales, ni a dar la versión de los hechos por boca de terceros. Silvia fue siempre a la fuente; buscó la verdad donde ella se encontrara, y con la lucidez de quien perece haber recibido un don sobrenatural, nos la relató; nos la hizo saber. Hoy, cuando en Colombia no se sabe qué es verdad y qué es mentira, echamos de menos a periodistas valerosas e incisivas como Silvia, que siempre nos tuvo al tanto de lo que pasaba y que con la frescura de su pluma nos deleitó con reportajes y crónicas que hasta hoy permanecen en nuestra memoria.</p>
<p>Veinte años después, Silvia Duzán, te echamos de menos. No tuve el privilegio de conocerte en persona, ni a ti ni a tu familia, pero hoy, donde te encuentres, quiero que sepas que permaneces en la memoria de muchos, que como yo, nos negamos a olvidar, o simplemente, a pasar la página. Un fuerte abrazo Silvia, donde quiera que estés.</p>
<p>21 de febrero de 2010</p>
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		<title>Por: Alvaro Moreno</title>
		<link>http://www.ips.org/blog/cvieira/silvia-duzan/comment-page-1/#comment-20964</link>
		<dc:creator>Alvaro Moreno</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 05:47:47 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Wie gut dein Blog Constanza. Viva Silvia!!! que falta nos hace!]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Wie gut dein Blog Constanza. Viva Silvia!!! que falta nos hace!</p>
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