Este blog es una iniciativa de la agencia de noticias IPS y de su corresponsal en Bogotá, Constanza Vieira.

Silvia Duzán

26 de febrero de 2010

Esta noche hace 20 años paramilitares asesinaron a mi amiga periodista Silvia Duzán. Hace poco ella hubiera cumplido 50. Seguro hubiéramos hecho una rumba roquera que habría retumbado hasta la Luna.

En 2008 escribí en este blog sobre Silvia: http://www.ips.org/blog/cvieira/?p=129 . La impunidad sigue intacta, a pesar de la tan mentada jurisdicción de Justicia y Paz, marco legal para facilitar la desmovilización de un sector de paramilitares.

Silvia preparaba un documental sobre narcotráfico y elecciones. Decir que el tema sigue vigente es poco decir. En realidad está que arde, ante la indiferencia de los gobiernos del mundo. Y ni para qué mencionar a esa extraña oficina de la ONU, la de la Droga y el Delito.

Cuando mataron a Silvia los paramilitares eran apenas unos pocos escuadrones. Pero, el negocio de combinar matanzas con elecciones fructificó. En 2002 se dijo que había unos 6.000 paramilitares, en 2003 el gobierno sostuvo que eran unos 32.000 y ahora son otra vez algo así como 11.000. Fiel a su táctica de desviar la atención y acaparar titulares, el gobierno de los vidrios polarizados dice que estos 11.000 no existen, o que no son, o que se llaman de otro modo.

Entretanto, los cultivos de droga han disminuido. Es decir, el negocio se ha racionalizado. A menos cultivos de droga, menos costos para vigilarlos. A menos oferta, mejor precio. El mercado funciona así. Tiene lógica que este gobierno haya promovido la penalización de la dosis personal. La medida sube el precio de la droga. El narcotráfico es la gallina de los huevos de oro, más aún cuando hay crisis financiera mundial. En medio de la crisis internacional, a la banca colombiana le va, como dicen las señoras, divino.

En estas semanas se multiplican las denuncias acerca de cómo corre a manos llenas el dinero en efectivo en la campaña electoral actual. Sólo en unos meses descifraremos con mayor precisión qué sucede. En todo caso, en Colombia, desde hace un tiempo, las elecciones funcionan así. Ante la indiferencia de los gobiernos del mundo. No creo en ninguna unidad latinoamericana y del Caribe que siga soslayando la tragedia colombiana.

La periodista María Jimena Duzán dedicó a su hermana Silvia su columna en la revista Semana. El economista Salomón Kalmanovitz escribió hoy en el diario El Espectador sobre su esposa Silvia. El Espectador editorializó: Veinte años y ni siquiera un arrepentimiento. Y destaca una frase lacerante de un narco que fue condenado a 22 años de cárcel en Estados Unidos, pero que acaba de regresar a Colombia después de sólo pagar tres años: “No me arrepiento de ayudar a las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá, aunque cometieron excesos como las masacres de La Rochela y Cimitarra, en la que murió la hermana de María Jimena Duzán”.

Se llamaban autodefensas. Pero el virtual candidato uribista, Juan Manuel Santos, siendo ministro de Defensa tuvo la gentileza de aclarar cómo es que no eran tales. En este blog también, recogí sus palabras. En realidad se dedicaban a actividades contrainsurgentes, masacre de la población para atemorizarla y quitarle apoyo político a la guerrilla.

El negocio siempre ha sido muy racional. Su otra cara ha sido siempre bloquear y boicotear activamente y al costo que sea cualquier posibilidad de solución política con la guerrilla. El narcotráfico necesita la guerra. Los negociantes de armas también.

Escrito en : Civiles en la mira,El fin justifica los medios,El poder,Fronteras,Justicia,La guerra y la paz

2 Comentarios sobre “Silvia Duzán”

  • 1. Alvaro Moreno  |  marzo 19th, 2010 at 12:47 am

    Wie gut dein Blog Constanza. Viva Silvia!!! que falta nos hace!

  • 2. Rusbel Martínez  |  octubre 11th, 2010 at 7:16 am

    Todavía te recordamos

    Tal vez pocos se acuerdan de ella, de su sempiterna sonrisa, de su personalidad encantadora. Pocos deber recordar su agudeza y su estilo diáfano y conciso cuando de decir y responder por la verdad se trataba. En un país, donde no se guarda la memoria, es muy probable que su nombre ya casi ni se recuerde, a pesar de la enorme conmoción que su asesinato causó, especialmente en los medios de comunicación, en la comunidad académica y, por supuesto, entre su familia y amigos. Aquel 26 de febrero de 1990 las balas de los sicarios estaban preparadas para poner fin a su vida. Hoy, veinte años después, el crimen permanece en la impunidad, lo mismo que el de muchos otros colombianos que murieron en aquel aciago año, víctimas de las mafias de la droga, del paramilitarismo y de la complicidad de algunos agentes del estado que vendieron su dignidad (si es que alguna vez la tuvieron) a las fuerzas oscuras de la muerte. El que dio la orden de asesinarla padece hoy (insólitamente) de olvido, y quienes apretaron el gatillo, tal vez ya no se cuentan entre nosotros, pues en Colombia parece que es cierto que el que a hierro mata a hierro muere.

    A Silvia Duzán le dispararon en Cimitarra (Santander) mientras realizaba un trabajo periodístico para la BBC de Londres sobre el veto del narcotráfico en las elecciones de 1990. Parece ser que a los violentos no les interesa que se sepa de su barbarie y atrocidades, por lo que están siempre dispuestos a acallar a sangre y fuego cualquier asomo de verdad. Esto es así porque la verdad camina de la mano con la justicia, y en este país lo último que quieren los violentos es devolver o pagar lo que ferozmente arrebataron, sean tierras, vidas o, simplemente, algunos pesos. Ese día, como parece ser costumbre cuando a uno le llega la mala hora, todo conspiró contra ella. Desde la salida de su casa hacia el aeropuerto la fortuna la abandonó. Llegó tarde, no teniendo otra opción que viajar a Bucaramanga en avión, y luego desde allí trasladarse a Cimitarra en autobús. Mientras tanto sus asesinos la esperaban pacientemente. Sabían que llegaría en la flota a eso de las 9:30 p.m. Lo sabían porque lo de Silvia no fue circunstancial; todo estaba planeado. Ese día, ella, Josué, Saúl y Miguel, líderes de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare, iban a ser asesinados a mansalva por los líderes paramilitares de la zona para acallarlos; para evitar que la verdad se supiera.

    El crimen sucedió en la cafetería La Tata ubicada en un costado de la plaza del pueblo. Hasta allí llegaron los sicarios esa noche del 26 de febrero de 1990 y pusieron fin a su vida. Atrás quedaron las historias del Rock en la supersiete de Kennedy, ese conjunto de apartamentos de ladrillo que queda en diagonal a Caravana, frente al Ley; o las historias de los músicos en el Cream Pereira, por allá en la primero de mayo. Atrás quedaron las andanzas de los ladronzuelos de Santa Librada, el barrio que queda por la salida al llano; las fechorías y picardías de Tula, Lucky, el Quico, o la Margó, la que se acostaba con el comandante de la estación de policía para que soltaran al novio capturado unas horas antes. Atrás quedaron todas esas historias del bajo mundo, de las calles peligrosas, de los antros de perdición. Con la muerte de Sylvia el país perdió una gran periodista; perdió a una de las que buscaba la verdad, aún cuando eso supusiera tomar riesgos, inclusive poner en peligro su propia vida.

    Con su muerte, el país perdió a una periodista que no se limitó nunca a leer y difundir los comunicados de prensa de las entidades estatales, ni a dar la versión de los hechos por boca de terceros. Silvia fue siempre a la fuente; buscó la verdad donde ella se encontrara, y con la lucidez de quien perece haber recibido un don sobrenatural, nos la relató; nos la hizo saber. Hoy, cuando en Colombia no se sabe qué es verdad y qué es mentira, echamos de menos a periodistas valerosas e incisivas como Silvia, que siempre nos tuvo al tanto de lo que pasaba y que con la frescura de su pluma nos deleitó con reportajes y crónicas que hasta hoy permanecen en nuestra memoria.

    Veinte años después, Silvia Duzán, te echamos de menos. No tuve el privilegio de conocerte en persona, ni a ti ni a tu familia, pero hoy, donde te encuentres, quiero que sepas que permaneces en la memoria de muchos, que como yo, nos negamos a olvidar, o simplemente, a pasar la página. Un fuerte abrazo Silvia, donde quiera que estés.

    21 de febrero de 2010

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Nada de lo colombiano ha sido ajeno en el trabajo de Constanza Vieira para la agencia de noticias IPS. Desde las cuatro décadas de guerra civil y la acción de sus múltiples bandos armados (guerrillas, ejército, paramilitares, narcos), pasando por el acuerdo humanitario que libere a rehenes y prisioneros, el drama de los desplazados y las comunidades indígenas, el ambiente, el proceso político legal, la relación con países vecinos, la cultura. Todo eso, y más, está presente en el blog personal de esta periodista que también trabajó para Deutschlandfunk, Deutsche Welle, Water Report del Financial Times, National Public Radio y la revista colombiana
Semana, entre otros medios.